¿Alguna vez has sentido que sabes exactamente lo que quieres hacer, pero aun así te cuesta empezar?
Quieres entrenar, leer más, comer mejor, trabajar en ese proyecto que tienes en mente, viajar, probar cosas nuevas… pero entre el trabajo, el celular, las responsabilidades y el cansancio, muchas veces terminas dejando para después aquello que sabes que te hace bien.
La buena noticia es que cambiar tus hábitos no significa cambiar toda tu vida de un día para otro.
En el libro Mañanas milagrosas, Hal Elrod propone seis prácticas sencillas para empezar el día de una manera más intencional. Las llama los SAVERS: Silence, Affirmations, Visualization, Exercise, Reading y Scribing.
No necesitas levantarte a las 5 a.m. ni dedicar una hora a cada una. Puedes empezar con unos pocos minutos y adaptar estas herramientas a tu propia rutina.
Porque al final, no se trata de tener la mañana perfecta. Se trata de crear pequeñas acciones que, repetidas con el tiempo, pueden cambiar la forma en que piensas, actúas y afrontas tu día.
1. Silencio: empieza antes de que empiece el ruido
¿Cuál es una de las primeras cosas que hacemos al despertar?
Revisar el celular.
Mensajes. Instagram. Emails. Noticias. Notificaciones.
Antes de siquiera levantarnos de la cama, nuestra mente ya está procesando información y reaccionando a lo que otras personas están haciendo.
El silencio propone hacer exactamente lo contrario.
Dedica unos minutos al despertar a simplemente estar contigo. Puedes meditar, respirar profundamente, hacer una pequeña práctica de mindfulness o simplemente sentarte en silencio.
No tienes que “dejar la mente en blanco”.
La idea es darte unos minutos antes de que el mundo empiece a pedirte cosas.
Prueba esto: deja el celular lejos de tu cama y empieza con 5 minutos de silencio antes de mirar cualquier pantalla.
2. Afirmaciones: cambia la conversación contigo misma
Todos tenemos una voz interna.
Esa voz que aparece cuando algo nos da miedo, cuando dudamos de nosotras mismas o cuando estamos a punto de hacer algo que nos saca de nuestra zona conocida.
Las afirmaciones buscan hacer más consciente esa conversación.
Pero no tienen que ser frases positivas que no te crees.
En lugar de repetir: “Nada puede detenerme.”
Puedes crear una afirmación que realmente conecte contigo:
“Estoy aprendiendo a confiar en mí y a hacer las cosas aunque me den miedo.”
La clave está en combinar lo que quieres creer con la persona que estás dispuesta a ser.
Porque decir “quiero sentirme más fuerte” es diferente a recordarte:
“Estoy construyendo fuerza cada vez que hago algo que me reta.”
Prueba esto: escribe 2 o 3 frases que representen la persona en la que quieres convertirte y repítelas cada mañana.
3. Visualización: ve antes de hacerlo
¿Hay algo que quieres hacer, pero todavía no te atreves?
Quizás quieres viajar sola, empezar un proyecto, correr una carrera, aprender un deporte o simplemente hacer algo que llevas meses posponiendo.
La visualización consiste en imaginarte haciendo eso que quieres lograr, pero no solamente el resultado final. Visualízate tomando las decisiones, atravesando los momentos incómodos y haciendo aquello que necesitas hacer para llegar allí.
Si quieres viajar sola, imagínate llegando a un aeropuerto desconocido, organizando tu transporte y sintiéndote capaz de resolver lo que se presente.
Si quieres empezar un proyecto, imagínate sentándote frente a tu computadora y dando ese primer paso aunque todavía no tengas todo resuelto.
La visualización puede ayudarte a hacer que algo que hoy parece lejano empiece a sentirse más familiar.
Prueba esto: durante 3–5 minutos, cierra los ojos e imagina con detalle una meta que quieres alcanzar. Concéntrate especialmente en las acciones que te llevarán hasta ella.
4. Ejercicio: activa tu cuerpo, activa tu energía
No necesitas una hora de gimnasio para empezar el día moviéndote. Caminar, correr, hacer yoga, entrenar fuerza, bailar o practicar tu deporte favorito también cuenta. El objetivo es simplemente mover tu cuerpo y activar tu energía física y quizás esta sea una de las herramientas más fáciles de conectar con nuestra vida diaria porque el movimiento no tiene que ser un castigo ni algo que hacemos solamente para cambiar nuestro cuerpo. También puede ser una forma de sentirnos fuertes, presentes y capaces. A veces, la energía que sentimos después de movernos es justamente la que necesitábamos para hacer aquello que estábamos evitando.
Prueba esto: empieza con 10 minutos. Camina, estira, haz una pequeña rutina o pon tu canción favorita y muévete. Lo importante es empezar.
5. Lectura: alimenta tu mente
Así como eliges qué alimentos darle a tu cuerpo, también puedes elegir qué información consumes.
Leer unas páginas de un libro, aprender sobre un tema que te interesa o escuchar algo que te ayude a crecer puede convertirse en una pequeña rutina diaria y no necesitas terminar un libro por semana, diez páginas al día son diez páginas más de las que habrías leído si nunca empezabas. Puedes leer sobre algo que quieres aprender, sobre una persona que admiras, sobre un tema que te interesa o simplemente una historia que te inspire.
Lo importante es crear el hábito de darle a tu mente algo más que scroll infinito.
Prueba esto: deja un libro junto a tu cama y lee 5–10 páginas antes de revisar el celular por la mañana.
6. Escritura: saca los pensamientos de tu cabeza
A veces tenemos tantas cosas dando vueltas en nuestra cabeza que ni siquiera sabemos exactamente qué estamos pensando, escribir puede ayudarte a poner todo eso afuera. No necesitas ser escritora ni saber qué decir. Tampoco necesitas llenar páginas enteras, puedes simplemente escribir lo que estás pensando, lo que quieres conseguir, algo por lo que estás agradecida o aquello que te está preocupando con el tiempo, escribir también puede ayudarte a reconocer patrones, aclarar qué quieres y hacer seguimiento a las cosas que estás construyendo.
Si no sabes por dónde empezar, prueba con estas tres preguntas:
¿Cómo me siento hoy? ¿Qué quiero lograr hoy?
¿Qué puedo hacer hoy que me acerque a la vida que quiero?
A veces, escribir una respuesta sencilla es suficiente para cambiar la dirección de tu día.
No necesitas cambiarlo todo
Los seis hábitos pueden parecer mucho cuando los ves juntos, pero no tienes que hacerlos todos desde mañana. Puedes empezar con cinco minutos de silencio. Leer dos páginas. Escribir tres líneas. Salir a caminar. Lo importante no es hacerlo perfecto es repetirlo.
Porque los hábitos pequeños, cuando se vuelven parte de nuestra vida, pueden terminar teniendo un impacto mucho más grande de lo que imaginamo y quizás de eso se trata realmente tener más energía.
No solamente de sentirte con más energía física, sino de tener la claridad y la confianza para hacer más de aquello que te importa
Probar algo nuevo, mover tu cuerpo, viajar, enfrentar algo que te da miedo, decirte que sí.
Porque las grandes aventuras no siempre empiezan cuando llegas al océano, a la montaña o a un lugar nuevo. A veces empiezan mucho antes, empiezan con la decisión de hacer algo diferente.